Books in Spanish

Posesas de la Habana

Cuando varias generaciones viven bajo el mismo techo, los choques son inevitables. Si de los cinco miembros de la familia, cuatro son del género femenino – con edades que van desde los once años hasta los noventa – el estrógeno acumulado en un apartamento de dos habitaciones puede alcanzar proporciones alarmantes. Las protagonistas de Posesas de La Habana, viven no al borde, sino “en” un ataque de nervios crónico, que debido a las carencias económicas y a la asfixia política se prolonga indefinidamente. ¿Hay alguna esperanza para estas cubanas atrapadas en una isla en la que el mar parece ser la única vía de salvación?”

Editorial Reviews:

Rafael Ocasio — Criticas
Margarita Montalvo
Jose Antonio Evora
Leandro Soto
Benigno Dou, El Nuevo Herald

Posesas de La Habana.
(Enraged Women in Havana)

U.S.: Pureplay Pr. 2004. 204p. ISBN 0-9714366-7-3. pap. $20. FIC

In Cuban police jargon, posesas refers to women involved in family quarrels. Thus, by using the term in the title of her second novel, Cuban-native Dovalpage (A Girl Like Che Guevara, Soho Pr., 2004) gives readers a hint of her book’s confessional tone. During a blackout in Havana in the year 2000, four women of the same family reflect on their lives and generational differences, uncovering a century of Cuban history. Bárbara remembers her move from the provinces to Havana, and the personal circumstances that forced her daughter, Barbarita, and granddaughter, Elsa, to move in with her. Elsa’s rebellious 11-year-old, Beiya, also lives with them in the crowded central Havana apartment. Together the women confront the scarcity of food and personal resources that have characterized life on the island since the collapse of the Soviet Union. While they wait for the electricity to be restored, they argue about the unexplained disappearance of some money that another of Barbarita’s daughters sent from the United States. The novel traces the roots of the strong animosity between Bárbara and Barbarita, and between Barbarita and her daughter, Elsa. But Beiya’s funny account and her young perspective is what ultimately keeps readers interested in this story. The novel’s strength lies in Dovalpage’s ability to construct the complex personal background of these characters, touching on their sexual histories and the generational restrictions behind their confrontations with one another. The book is easy to read despite some Cuban regionalisms, but the plot can be hard to follow, as it is easy to confuse the characters’ experiences. Recommended for libraries interested in Cuban literature and the experience of women on the island.

-Rafael Ocasio, Agnes Scott College, Decatur, GA
Criticas

De Margarita Montalvo

(20/5/2004)

En su primera novela en español, Las posesas de la Habana, Teresa Dovalpage (Teresa de la Caridad Doval o como carajos prefiera firmar la autora sus trabajos en lo sucesivo) se las apaña para colocarse ella, y para poner también al lector, en el plano de duplicidad y apendejamiento de los cuatro personajes de esta obra. La novela es apolítica. (¡Mentira!)

El lector juraría que sólo está leyendo el relato de las cochinadas de cuatro generaciones mientras goza del idioma colorido, de las expresiones jocosas y de las puterías que provocan “risitas, risas y carcajadas”. En fin, uno se traga la novela creyendo que es “cerelac” y luego se percata de que es leche de vaca bien nutrida.

Durante uno de tantos apagones de la Habana, la abuelonga, la hija, la nieta y la biznieta miran hacia atrás, hacia adentro y relatan, o mejor dicho, SE cuentan a sí mismas sus infortunios pero siempre culpando a las otras o a otros de su salazón. Apretujadas, conscientes de que “o se acomodan o se acojoden”, las cuatro pasan la vida odiándose, encojonándose unas con otras pero hasta entre la oscuridad de sus rencores se les cuela un rayito del cariño que se tienen. Sin darse cuenta revelan en qué forma su propio apretujamiento, sus limitaciones y errores pasados han afectado a la nueva generación hasta el punto de desquiciarla.

En la microsociedad de su apartamentico son las mujeres las que llevan la batuta a pesar de que no “están tan buenas” puesto que ninguna tiene caderamen, fondillo ni frondosas tetas (elementos esenciales para triunfar). Los hombres son telones de fondo: un estreñido vendedor de espejuelos que fracasa como negociante (probablemente dejando cegata a la población), un maricón que se vale de los turistas homosexuales para aminorar su escasez económica, un hijoeputa disfrazado de santo que muere mientras “le da mantenimiento” a la querida, y un profesor de marxismo a quien se lo traga el mar, o los tiburones, en su intento de escapar de la duplicidad en que vive.

Al terminar el apagón (la novela) el lector deja de reír, ve la luz, se estremece y ve la realidad de ese mundo. Coño, la jodía novela es una puñetera obra de arte.

De Jose Antonio Evora

Posted on Fri, May. 21, 2004
Tres autores en siete días
El Nuevo Herald

Durante una noche de apagón en su apartamento de La Habana, La Abuelonga, Barbarita, Elsa y Beija –bisabuela, abuela, madre e hija– cuentan a través de sus vidas un largo pedazo de la historia de Cuba. Otra cara de ésta, la lucha anticastrista, emerge en 229 páginas que siempre van al grano. Y un personaje relativamente inédito, Mateo, cuenta, entre otras cosas, cómo descubrió un buen día que le había salido una flor en la cabeza.

Son la novela, el libro de historia y el volumen de relatos que presenta entre hoy y el viernes de la semana próxima en Books & Books, de Coral Gables, la Editorial Pureplay Press, fundada y dirigida por David Landau. La novela, editada en español, se llama Posesas de La Habana, y su autora es Teresa Dovalpage; el ensayo histórico, Unvanquished: Cuba’s Resistence to Fidel Castro, es en inglés, del investigador Enrique Encinosa, y el tercero, en edición bilingüe, trae por eso mismo dos títulos: Mateo’s Progress y Jornadas de Mateo, del escritor Alejandro Lorenzo.

”Cuando ella [Teresa Dovalpage] nos escribió y nos dijo que tenía la novela, fue obvio para nosotros que era una gran obra y que debía ser publicada”, dijo Landau. “Del libro de Encinosa lo que más me gusta es que puede definir cualquier cosa en un par de párrafos. En los últimos 45 años se han escrito incontables páginas de todo lo que él trata ahí, pero creo que es la primera vez que aparece algo en inglés tan comprensible y sintético. Y el de Alejandro, que fue el primero de los tres en aparecer, es un libro que le encanta a mi esposa y que ha sido un placer publicar”.

Una de las cosas más chocantes de la novela de Dovalpage –por la forma tan descarnada en que la relata– es la grosería de la más joven de las protagonistas, Beija, de 11 años. Elsa, su madre, le pregunta algo, y la niña responde con desplantes que avergonzarían a un cosaco embravecido.

”Las hijas de mis amigas daban respuestas así”, cuenta Dovalpage, que salió de Cuba en 1996 y ahora estudia en la Universidad de Nuevo México. “En La Habana fui a la escuela José Joaquín Palma, traté de describir como es la educación allá desde la primaria hasta la universidad. Cada una de estas tres mujeres y la niña están recordando sus vidas, y así es como hablo de la historia de Cuba”.

Es inevitable compararla con Zoé Valdés y con Pedro Juan Gutiérrez, dos autores cuyas novelas muestran la cara más degradante de la sociedad cubana contemporánea.

”Admiro mucho a Zoé Valdés”, concede Dovalpage. “Todos los autores cubanos que escribamos de la Cuba de los 90 vamos a tener las mismas groserías. Yo le di un enfoque bastante personal para no parecerme a nadie; traté de usar una familia de lo que en otro tiempo fue la clase media, y de mostrar en lo que se ha convertido”.

El trabajo de Encinosa no es, como algunos suponen, una traducción al inglés de su libro Cuba en guerra. ”Me di cuenta que era imposible traducir Cuba en guerra sin hacerle modificaciones, con los centenares de nombres y referencias geográficas que desorientarían al lector no cubano”, explica Encinosa, editor de noticias de Radio Mambí. “Usando el mismo formato cronológico escribí entonces un nuevo libro para el académico o para cualquier norteamericano al que le interese la problemática cubana, para el nieto del cubanoamericano, para todo el que lea en inglés… Unvanquished quiere decir los nunca vencidos. Cubre desde el 59 hasta finales del 2003; cómo se formaron los movimientos de resistencia urbana en Cuba, sus relaciones con la CIA, el Escambray, la crisis de los cohetes, la invasión de Playa Girón, la microfracción, el presidio político y cómo empezaron los grupos de derechos humanos”.

Jornadas de Mateo, dice su autor, es un volumen bilingüe para todas las edades.

”Pero prefiero los lectores de 10 y 11 años”, confiesa Lorenzo, quien además de escribir ha hecho exposiciones de pintura y ha colaborado con varias publicaciones como ilustrador. “Son cuatro cuentos de este personaje ilustrados por mí. Los escribí en los 80 en Cuba, y el primero que habló sobre Mateo allá fue el pintor Tomás Sánchez. Se publicaron inicialmente en México, y la traducción para esta edición bilingüe la hicieron Kaori Landau y Andrés Hernández Alende. Son temas muy universales, el ser diferente, la compasión, el sacrificio anónimo”.

jevora@herald.com

La editorial Pureplay Press, con sede en Los Angeles, presenta tres títulos recientes en la librería Books & Books, 265 Aragón Ave., Coral Gables: ‘Unvanquished: Cuba’s Resistence to Fidel Castro’, de Enrique Encinosa, hoy; ‘Jornadas de Mateo’, de Alejandro Lorenzo, miércoles 26 de mayo, y ‘Posesas de La Habana’, de Teresa Dovalpage, viernes 28, siempre a las 8:00 p.m. Entrada libre.

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De Leandro Soto

“Posesas de la Habana” . Novela de Teresa Dovalpage.

Hace unos dias recibí de la editorial Pureplay Press, en Los Angeles, la reciente edición un libro que lleva en su carátula un diseño de vestuario para una puesta en escena de “La vida es sueño” de Calderon de la Barca, en el Gran Teatro Garcia Lorca de la Habana. El diseño muestra como tema central, a una gran dama de la corte española, y en sus dibujos aledaños se hacen explicaciones visuales de cómo el traje-tareco, puede ser usado por la bailarina-actríz: una armadura, escultura movible sobre ruedas locas para poder desplazarse libremente por la escena. La curiosidad de encontrar una explicación de aquel boceto selecionado para la cubierta de una reciente novela cubana, me motivó -a la hora de irme dormir-, a leer las primeras letras del texto: no pude soltar el libro hasta el siguiente día y terminar de absorver su última página. Una obseción, -por desentrañar donde terminaría un “aquelarre cubano” durante un apagón habanero-, noche de brujas, “Walpurgisnacht”, se apoderó de mi. Una urgenicia de salida, de posibles escapes para los personajes atrapados en un laberinto, me sobrevino a la conciencia, como una necesidad transpersonal.

El uso de los tiempos en la novela.
El tiempo en la narración salta del presente al pasado, o hacia el futuro sin previo aviso. Hay muchos tiempos simultáneos, no solamente un tiempo lineal. El lector, tiene que descubrir, por la manera en que se está narrando un evento, el tiempo histórico en que sucede el mismo,o desde que voz particular está expresándose la secuencia; cuál personaje está contando la historia en un momento dado, y para quien la cuenta. El texto es un juego que invita, que atrapa. Si bien esto se usó en varias novelas del famoso “boom latinoamericano”, al aplicarlo a la situación actual de Cuba se convierte en algo especial: es convertir al lector en personaje más de la obra, “en un espia”, o en el cederista que vigila la cuadra y a sus vecinos, al intentar descubir la trama. Esto le da una posición participatoria en lo que está narrándose: uno se convierte en cómplice, confesor, o en delator posible, una versión artistísca del “no hay escape” , frase muy usada en la vida cotidiana.

En la novela todo ocurre durante un tiempo lineal infinito, el tiempo interminable que dura un apagón en Centro Habana, -metáfora de la situación en que viven los personajes-, en un mundo donde no hay salida real posible,o estrategías de vida que valga la pena aplicar con eficiencia, que no sean las de asumir un mito a nivel psicológico, el robo para de la sobrevivencia diaria, o la mentira a nivel moral e idelógico . No hay luz. Toda la novela es una analogía del descalabro de la doble moral de la Cuba de hoy. El elemento de la infancia, siempre vista como la metáfora del cambio, “del hombre nuevo”, -lo ideal-, es la más dañada: no tiene un pasado hacia donde escapar, no tiene un presente que vivir, no tiene más espacio que la de un balcón en ruinas en Centro Hababa, para el sueño de volar, -quiza metáfora del exilio posible-. Huérfana, (el padre está ausente pues es también un traidor a su propia ideología), la niña dialóga con el espiritu del padre, con el idealizado en su mente, no con el de carne y hueso -que nunca la reconoció como hija-, y que para ese momento de lectura sabemos que quiza su padre no sobrevivió en una balsa, a una tormenta marina al intentar escapar de la isla. Su historia, su versión de los eventos, cierra la novela y la abre a muchas preguntas que no tienen respuestas, pero que lanzan a cuestionar que futuro posible, que herecia real educativa se esta transmitiendo en la isla. Los valores de la sociedad se cuentionan y se vive “en un mal teatro” donde lo que se dice no coincide con lo que se hace, donde los maestros, los vecinos, y la misma familia no los practica. Aquí, al final de la novela los versos de José Martí citados de [la bailarina española[ adquieren una nueva dimensión: “vuelve sola a su rincón , el alma trémula y sola”…pero ese rincón no esta en el exilio, esta en la misma Centro Habana.

El lenguaje habanero.
El uso del lenguaje en la novela de Teresa Dovalpage, desde las descripciones más vulgares del argot popular habanero de un acto erótico, hasta la sofisticaciones mitologías,-en medio del diario vivir con nombre de diosas griegas-, crea un contraste que no permite la identificación emocional con ningún personaje de la novela. La citas culteranas, -que saltan como manchas inesperadas o sonidos disonantes-, hacen tomar conciencia al lector,de que el lenguaje usado es una técnica de “befrendum”, para darle un contexto específico a la narrativa, lleno de contrates que saltan – “de palo pa’rumba”-. El texto puede encajar en varios géneros discursivos que se alternan como un “Rashomón” de estilos y maneras de ver: policiaco, de denuncia social, testimonio piscológico, arquetípico-simbólico, de mitología femenina y transpersonalidad, de marxismo con socialismo científico incluido, espiritísmo, todo simultáneamente usado como en un ajiaco. Cada personaje cuenta la versión de los hechos, su “Rashomón”, en su propia forma narativa, lo cual añade un matíz verbal comunicativo a las diferencias generacionales entre los personajes, a través del lenguaje.

Valoracion a la luz de los vitrales rotos.
Desde los tiempos de Celestino antes de Alba, de Reinaldo Arenas, no había aparecido una novela cubana, -de escritores que se formaron bajo y dentro de la revolución-, que describiera la realidad nacional usando el mito y la imaginación, sin dejar de ser además testimonio y denuncia simultáneamente. Esta vez, todo sucede en la ciudad y no en el campo, y entre mujeres, lo cual aporta además una versión femenina de una realidad vivencial específica. La mujer cubana es fuerte, es una sobreviviente de su propias ilusiones, de su auto engaño. Y no podemos olvidar que la “Revolución” siempre ha sido “la” , es decir, de género femenino. La crudeza de las descripciones, está en oposición a la candidez de los personajes que no llegan a ver que son víctimas de una trama no escogida por ellos, que se culpan unos a otros sin poder ver el cuadro general en el que están atrapados, sin salida. Por ironía, la hermana que logra salir a Miami, y envía su carta ya convertida en una “posible empresaria capitalista”, era la más comprometida con el sistema socialista, al menos en apariencia.

El la novela nadie dice lo que piensa, se evita decir la verdad, y ya la famila no es una institución que de apoyo o confianza al individuo, si no más bien lo opuesto: la corruptión está dentro de la casa, la desconfianza, la traición posible. La familia a su vez, -un gran tema de la literatura y del arte cubano- como en “Electra Garrigó” de Virgilio Piñera, “Paradiso” de Lezama Lima, “Contigo pan y cebolla”, de Héctor Quintero, “La noche de los Asesinos” de Pepe Triana, por mencionar unos títulos, vuelve a ser el centro de interés, analogía del país y a la larga de la nación en crisis. La mujer es la responsable de la continuidad de la cultura, y en esta novela lo femenino es fundamental como elemento cohesionante.

Yo mismo diseñé en 1981 ese boceto que aún guardo en mi colección de trabajos teatrales. “La dama de la corte”. Pienso que Néstor Dias de Villegas y David Landau, quienes selecionaron la imagen para la cubierta, dieron en el clavo: “Posesas de la Habana” es un libro tragicómico que hace reir y llorar a la vez, de apariencias y de realidades convocadas, como “en el teatro del mundo”. Felicidades para Teresa Dovalpage, gracias por la cubierta con mi boceto, quizás entre el tiempo presente y el pasado no hayan muchas diferencias, y el tiempo que cuenta es el que estamos concientes, el que podemos elegir nuestro juego. La novela deja un saboro peculiar,un estado anímico, y muchas preguntas en la conciencia.

Posted on Sun, Oct. 31, 2004
De imprenta
‘Posesas de La Habana’ original y apasionante
BENIGNO DOU
El Nuevo Herald

Uno no puede evitar pensarlo desde el título, Posesas de La Habana, y la impresión se refuerza en las primeras páginas con la vulgaridad del lenguaje y las escenas de sexo, en apariencia fortuitas, que te reciben: este libro recuerda demasiado a Zoe Valdés.

Por suerte, se trata sólo de eso, una primera impresión, en este caso tan falsa como la que nos deja la mayoría de las personas que conocemos en la vida real. Porque el lector paciente (o los que no hayan leído a Zoe) descubre pronto que Posesas de La Habana (Pureplay Press, 2004) es una novela original y apasionante, y que su autora, la también cubana Teresa Dovalpage, es una nueva voz literaria con méritos propios que ha llegado, como la autora de La nada cotidiana en su momento, para quedarse.

Escrita con un estilo descarnado y ágil, y con una estructura inteligente y sólida que apenas deja ver las ”costuras”, Posesas de La Habana narra lo que ocurre entre cuatro mujeres cubanas, pertenecientes a cuatro generaciones de una misma familia, durante una noche de apagón en la capital cubana. Con una sinceridad visceral, casi con furia, las mujeres nos van contando una a una no sólo los desencuentros y encontronazos que tienen lugar entre ellas en la oscuridad del apagón, sino las pequeñas –y grandes– miserias de sus vidas, sus sueños, la frustración y el veneno acumulados en sus almas.

Las escenas de sordidez, de desolación espiritual, de egoísmo que relatan los personajes de Dovalpage (que también es autora de una novela en inglés, A Girl Like Che Guevara, Soho Press, 2004), pueden parecer chocantes y crudas, pero siempre son verosímiles y, de alguna manera retorcida, humanas.

La lucha diaria por la supervivencia, la carencia de los bienes materiales más esenciales, la pérdida de los valores morales y espirituales, y hasta el hambre crónica, son lo único que comparten desde hace mucho tiempo las mujeres de esta familia fracturada, destruida por el sistema social en el que está insertada. Así por ejemplo, la pobre Elsa, poco agraciada físicamente (”No tiene buenas tetas, ni caderas, ni una libra de grasa en el fambá”, como la describe su abuela), sale embarazada de su profesor de marxismo, quien luego la engaña con su mejor amiga y la abandona con una hija bastarda, antes de irse del país en una balsa.

La bisabuela, por su parte, es una vieja amargada que no esconde su odio por su hija Bárbara, a la que acusa de haberle robado lo poco que le dejó su marido, un hombre trabajador pero ”medio pájaro y tacaño”, que sufre un derrame al perder su negocio y sus ahorros con las nacionalizaciones y el cambio de moneda de los años 60.

Barbarita, la madre de Elsa, no es más equilibrada que las otras. No le perdona a su propia madre los tarros que le pegó a su infeliz y poco viril padre, y peor aún, que no le creyera cuando le contó que un vecino (uno de los amantes de su mamá) la había manoseado.

Pero tal vez sea la malcriada y vulgar Beiya, la nietecita, el personaje más revelador y desgarrador de esta novela. Ella está convencida de que ”tener una mamá jinetera sería lo perfecto” y tiene fantasías sexuales precoces con un compañerito de la primaria. Y es ella la que, para sorpresa de todos, aprovecha el apagón para robarse los doscientos dólares que ha enviado su tía, ”la comunista” que se ganó la lotería de visas, para comprar chocolate e irse a la “chopin”.

Al final, Elsa, la ”abuelonga”, Bárbara y Beiya se las arreglan no sólo para hacerle creer al lector que son personajes literarios ”vivos” y conmovedores, que habitan y entretejen una novela convincente, sino que bien pudieran vivir en cualquier casa real de Centro Habana, la Lisa, el Vedado, Lawton o Santos Suárez.

Sin dudas un acierto más de la editorial Pureplay Press, cuya contribución a la difusión de la cultura cubana ya comienza a hacerse sentir y a ser reconocida, Posesas de La Habana es de obligada lectura para todos aquéllos que disfruten de una novela amena, aunque descarnada, y humana, aunque cruda. Y, por supuesto, para aquellos que quieran conocer de cerca las sombrías interioridades de la vida actual en Cuba sin necesidad de viajar a la sufrida isla de Zoe Valdés y Fidel Castro.

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