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Febrero, 2005 Sobre la educación en Cuba por Teresa Dovalpage Educar no consiste solamente en impartir conocimientos. El estudiante debe ser capaz, después de familiarizarse con una materia determinada, de cuestionar la validez de lo aprendido. Desgraciadamente, los alumnos cubanos (a todos los niveles) no están acostumbrados a debatir con sus profesores. Cuando yo estudiaba en la universidad de La Habana, el clásico magister dixit pesaba sobre nuestras cabezas de aspirantes a licenciados como una maza de hierro presta a caer sobre cualquier opinión adversa. La cadena de la que colgaba la maza de amenaza tenía como eslabones las acusaciones de diversionismo ideológico y falta de madurez política, entre otros engendros. Por ejemplo, la clase de comunismo científico (más conocida como ciencia ficción entre los bromistas del curso) que hubiera provocado en cualquier otra universidad del mundo al menos un conato de polémica en 1990, mientras el campo socialista se desmoronaba velozmente, era una de las más apacibles que se enseñaban en la facultad de lenguas extranjeras de La Habana. La mitad de los estudiantes se pasaba los turnos dormitando. Uno de mis primeros choques culturales ocurrió en una universidad de California. Lo provocó un estudiante de literatura latinoamericana que discutía con su profesor sobre Ficciones, de Borges. (En realidad, lo primero que atrajo mi atención fue que se analizara en clases a Borges, prohibido en Cuba.) Pasada mi sorpresa de novata, el pensamiento que me cruzó la mente fue: "Pero qué hocicón es este muchacho." Me llevó varios meses darme cuenta de que había confundido (o me habían hecho confundir) el derecho a expresar una opinión con el respeto a la autoridad académica. A continuación expongo algunas ideas sobre cambios que me parecen necesarios en el sector académico de la isla. Hace nueve años que vivo en Estados Unidos y no me he mantenido en contacto con lo que en estos momentos sucede en la arena educacional cubana. Quizás no pocos de mis comentarios resulten obsoletos y aspectos que critico hayan sido superados ya. Ojalá que sea así. Sugerencias para la reforma educativa cubana 1) Ofrecer asignaturas electivas No todos los estudiantes se interesan por las mismas materias. Debe existir, por supuesto, un programa de estudios básico, tanto en la enseñanza media como en la superior. En la primera no se pueden pasar por alto las matemáticas, la gramática, la historia, la geografía, etc. que integran los programas de la mayoría de las escuelas en el mundo. Y en la segunda no pueden faltar asignaturas que posibiliten la preparación adecuada del estudiante para ejercer su profesión más adelante. Sin embargo, dentro del programa de estudios básico, los alumnos deberían también tener la oportunidad de decidir, por ejemplo, si prefieren inglés o francés como idioma extranjero, o artes manuales o mecánica. En mi época de estudiante del pre universitario tomé una asignatura atroz llamada educación laboral cuyo trabajo final fue la construcción de una ratonera artesanal por estudiante. Una materia de este tipo debería estar catalogada como electiva, por más que las ratoneras artesanales sean de uso común en la Cuba de hoy. Cuando un alumno de enseñanza media tiene la oportunidad de tomar decisiones académicas por sí mismo está aprendiendo a definir su vocación. Esto disminuye el margen de error a la hora de elegir una carrera universitaria. Por otro lado, la presencia de asignaturas electivas en la universidad beneficia al alumnado que cuenta con un currículo flexible. La libertad de seleccionar los horarios y las asignaturas en cuyo conocimiento se desea profundizar promueven el sentido de responsabilidad del futuro graduado y estimularan su afán de superación en el campo de su interés. 2) Contar con la presencia de consejeros o psicólogos, particularmente en las escuelas de enseñanza media La adolescencia es de por sí una etapa traumática en que los cambios físicos y emocionales se suceden uno tras otro. Muchos adolescentes confrontan, además, problemas personales o familiares. Estos problemas, que generalmente no pueden ni deben ser resueltos por los maestros, y menos por los compañeros de clases, afectan el aprendizaje del estudiante y su relación con quienes lo rodean en las aulas. La presencia de un especialista que podría visitar por turno varias escuelas contribuiría a la paz mental de estudiantes y profesores, y a mejores resultados en la labor educativa. En esta misma línea, sería recomendable que estos consejeros, u otros adultos con el entrenamiento adecuado, sirvieran en caso necesario como mediadores en las discusiones o diferencias de opinión que inevitablemente se producen entre alumnos y profesores. 3) Proporcionar a los estudiantes (y también a los maestros) a comidas nutritivas a precios módicos. Esto resulta obvio. ¿Quién va a tener la cabeza para resolver (o mostrar cómo hacerlo) una ecuación sin antes haber fortificado el estómago? Las tripas vacías no ayudan, ordinariamente, a la buena digestión cerebral de los conocimientos. 4) Emplear a maestros que cuenten con la preparación adecuada Por desgracia, una nueva promoción de "maestros emergentes" ocupa las aulas de la educación media en Cuba, debido a que muchos instructores con experiencia en la profesión se han trasladado a áreas más lucrativas léase turismo. Los maestros que ya se han titulado y que deseen continuar en sus cargos, así como los recién graduados, deberían pasar un examen estatal en el que se compruebe que, efectivamente, poseen los conocimientos necesarios sobre la(s) asignatura(s) que imparten. Debe también garantizarse que los maestros se mantengan al día en su especialidad, tomando cursillos de superación siempre que sea posible. 5) Mantener una comunicación efectiva entre la familia y la escuela ¡No por medio de las politizadas y desacreditadas "reuniones de padres" donde, en el mejor de los casos, se pide a las familias de los estudiantes dinero para reparar el baño de la escuela o para pintar las pizarras! Deberá establecerse una comunicación adecuada entre padres y maestros, lo que será más fácil al desaparecer el nocivo programa de "escuelas en el campo" con el que se separa a los estudiantes del núcleo familiar por tres años seguidos. 6) Eliminar la "emulación" La política de premiar al profesor cuyos alumnos tengan mejor promedio académico o a la escuela con mayor número de sobresalientes trae consecuencias desastrosas. Desde luego, nadie quiere quedar a la cola en la "emulación" que implicaría, para el maestro, perder el derecho a comprar un ventilador o un televisor Panda-- así que el fraude y los aprobados inmerecidos campean por sus respetos. Estos "globos inflados" como se les conoce popularmente, acaban por reventar tarde o temprano, dejando al descubierto graduados incapaces por cuya formación ha pagado, y seguirá pagando, la sociedad. 7) Revisar todos los libros de texto que se emplean actualmente La propensión totalitaria a "reescribir la historia" permea los textos usados por el actual sistema educacional cubano. Desde los primeros manuales de lectura, en que las palabras Fusil y Fidel sirven para ilustrar la letra "F," hasta los de historia de Cuba que pasan por alto más de medio siglo republicano y saltan mágicamente de la guerra de independencia a 1959, la mayoría de los libros de texto padece de una absoluta e irrespetuosa politización. Ni siquiera las matemáticas se han librado de esta corriente todavía recuerdo problemas sobre brigadas que hacían trabajo "voluntario" entre las que debíamos averiguar cuál había ganado la "emulación socialista." Libros de texto que reflejen los acontecimientos históricos de la manera más objetiva posible, sin favorecer tendencia política alguna, es lo menos que se merecen los estudiantes y ciudadanos de la Cuba futura. |
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