El Ateje: Revista de literatura cubana

Febrero, 2005

Haunted Ladies of Havana

Traducción de David Landau

7:30 p.m.

Professor, may I come in? As I slowly, slowly open his door, my legs begin shaking on me. He’s in the office, my hands go cold and I’m in a sweat. What can I say? I’m a clod, I always have been.

On the threshold I pause to look him over. He’s large, cream-and-coffee-colored, square-shouldered. A mulatto Apollo in a blue tweed suit. He’s looking at me, and I don’t think he sees me as a Muse, but I’m so knocked over by his smile that I go all glassy-eyed. It’s not my fault. Really, a dried bean has more spice than I do. And the smiling Apollo says, Yes, Elsa, please come in and close the door.

I close the door and run right into Che Guevara’s flashing eyes, fixing me with a nasty gaze. I look away from the poster and back to the professor, his moustache. Trim and thick, it spreads to the corners of his mouth. If I could just kiss him now--a lingering kiss with a lot of tongue.

My pal Yarlene is right: he’s got a bit of a nervous tic. No, not a bit; rather ample. His left eyelid skips like a pendulum. Well, what of it.

And what were you wanting, Elsa, the professor says. I throw out my little lie, shaking like tissue in a breeze. Thing is, I didn’t understand what you were saying this afternoon about surplus value, if you can just clarify it for me, I tell him as I furtively wipe my clammy hands. I go up to his desk. And then I take the leap. I unfurl my tongue, exactly as Yarlene showed me, and pass it over my lips. I imagine I'm kissing his moustache or licking a chocolate ice cream at Coppelia’s.

Al right, he says, come and sit by me. In the street, a passing car blares music from the radio and the melodies engulf me along with the professor’s burnished caramel gaze. Some are born, others die. I like Julio Iglesias but hardly as well as the prof. While others laugh and cry, I smile and sit at his side. Smells of old paper and snuffed-out cigars fill the room.

Wow! A bulge is playing in his pants. Am I seeing things, or has Phoebus got a hard-on? Look, Elsa, the surplus value is what’s left over.... Playing innocent, I pull up my skirt so he sees the tops of my legs.

Teresa Dovalpage
Posesas de La Habana

7:30 p.m.

Puedo entrar, profesor y me tiemblan las piernas al abrir despacito la puerta de su oficina. Ahí está él y se me ponen frías las manos y ya me empiezan a sudar. Penca que soy de nacimiento.

En el umbral me inmovilizo, detallándolo. Es alto y carmelita, con los hombros cuadrados. Un Apolo mulato vestido de mezclilla azul. Él me mira también, pero no creo que me encuentre parecido con una de las Musas. Seguro que le he puesto una cara de pescado en tarima como para morirse de la risa. No es culpa mía. El problema es que yo tengo menos salsa que un fríjol seco. Y Apolo que sonríe claro que sí, Elsa, adelante. Pasa y cierra.

Paso, cierro y choco con los ojos eléctricos de un Che que me observa con mala cara. Desvío la vista del póster y le miro el bigote al profesor. Recortado y espeso, se le derrama por las comisuras de los labios. Si le pudiera dar un beso ahí mismo. Demorado y con lengua.

Tiene razón mi socia Yarlene, se le nota un poquito el tic nervioso. Un poquito no, se le nota bastante. Al verlo bien de cerca me doy cuenta de que el párpado izquierdo le brinca igual que el péndulo de un reloj de pared. Bueno, y qué.

Y qué querías tú, Elsa, pregunta el profesor. Le suelto mi mentira temblando como papel de China en el balcón. Es que no entendí bien lo de la plusvalía que usted explicaba esta tarde, si me lo puede aclarar otra vez, le digo limpiándome con disimulo las manos encharcadas. Me acerco a su buró. Y de pronto me atrevo. Le enseño la lengüita como aprendí de Yarlene, me la paso así por los labios. Me imagino que le estoy dando un beso en el bigote o comiéndome un helado de chocolate en la barra del Coppelia.

Está bien, me contesta, siéntate aquí conmigo. Por la calle pasa un carro con el radio puesto a todo lo que da y la música se me mete por los oídos y me envuelve como la mirada caramelo quemado del profesor. Unos que nacen, otros morirán. Me gusta Julio Iglesias aunque no tanto como el profe. Y le sonrío con unos que ríen, otros llorarán, y me siento a su lado. En la oficina huele a papel viejo y a cigarro acabado de encender.

Hey, el profe se está tocando la pinga por arriba del pantalón. Es idea mía o aquí se trata de Febo en erección. Mira Elsa la plusvalía es lo que queda después de. Haciéndome la boba me subo más la saya para que me vea bien la punta de los muslos.



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